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Medjugorje: Homilía de Mons. Ratko Perić
Obispo, 2006-06-15

Queridos hermanos y hermanas,

Queridos candidatos a la Confirmación, me alegro de estar hoy aquí con ustedes y sus familias para conferirles el sacramento de la Confirmación. Habéis seguido los necesarios cursos de formación y recibido el sacramento de la Reconciliación. Así os habéis preparado para recibir con fe los siete dones del Espíritu Santo.
Los dones de sabiduría, entendimiento, ciencia y consejo, se refieren a nuestras mentes e iluminan el uso que hacemos de la razón. Los dones de fortaleza, piedad y temor de Dios, se refieren a nuestros corazones y fortalecen nuestro libre albedrío. Estos dones no son volátiles: no los reciben hoy y mañana desaparecen. Queridos candidatos a la Confirmación, hoy recibiréis el sello del don del Espíritu Santo. ¡Cuando uno recibe el sello, uno permanece para siempre sellado por el Espíritu Santo! Pero cada uno de estos dones requiere vuestro esfuerzo a medida que crecéis en conocimiento y que testimoniáis a través de una vida de fe.

I – Dones del Espíritu. Por lo tanto, no temáis, mis jóvenes amigos, ser sabios ante los ojos de Dios, incluso si significa parecer necios ante los ojos de la gente. La “necedad” de Dios es más sabia y más prudente que los hombres más sabios.
No temáis ser fuertes en Dios ante la gente, aunque el mundo pueda consideraros cobardes y vacilantes. Nuestro Señor Jesucristo, la Verdad de Dios, nos enseña que: “A todo aquel que me reconociere delante de los hombres, yo también le reconoceré delante de mi Padre, que está en los cielos” (Mt 10, 32).
No os avergoncéis de ser temerosos del Señor y piadosos, llenos de admiración hacia Dios y su santidad, aunque este mundo que pasa pueda ridiculizaros y burlarse de ustedes. El mundo no teme ir contra los mandamientos de Dios, ni se avergüenza por ello. Por otra parte, nosotros somos creyentes y adoradores de Dios. Lo adoramos en espíritu y verdad.
El mundo nos aconseja sobre la manera más simple de sucumbir a pasiones pasajeras, pero el Espíritu Santo nos aconseja sobre la mejor manera de obtener la vida eterna. Quienes elijen el consejo verdadero, son guiados por el Espíritu sobre el camino correcto.
El mundo os tienta e invita a comportaros de acuerdo con sus perversas fantasías y pasiones. El Espíritu Santo os permite aprender y discernir, adquiriendo la ciencia que os lleva a la casa del Padre. A partir de este día en que recibís el sello sobre la frente, no podéis continuar a vivir como si no posedierais al Espíritu Santo dentro de vosotros.

II. – Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. La Iglesia celebra hoy la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Nosotros, los católicos, creemos que el hecho histórico de la Ultima Cena de Jesus, descrita en cada uno de los cuatro Evangelios, es uno de los más grandes misterios de nuestra santa fe. “Durante la cena, tomó Jesus el pan, y, bendiciéndolo, lo partió, y dióselos, y les dijo: Tomad, éste es mi cuerpo. Y cogiendo el cáliz, dando gracias, se los dió; y bebieron todos de él. Y díjoles: Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos.” (Mc 14: 22-23)

Sacrificio eucarístico. El misterio de la Cena del Señor es ante todo una señal del sacrificio de Jesús por su muerte en la cruz y resurrección a la nueva vida, que nos ofrece como un regalo divino. ¿Por qué está al centro de nuestra fe? ¡Porque es lo que Dios deseaba y logró! Si el siempre sabio Dios decidió este camino de salvación, entonces su intervención divina es sabiduría y bondad. Somos sabios y prudentes cuando aceptamos este sacrificio como una expresión de la gracia y del amor de Dios. El sacrificio solo puede ser comprendido y aceptado en un contexto de amor. El sacrificio es la prueba de amor más convincente. Dios es Amor. El sacrificio Eucarístico es una expresión del amor de Dios hacia nosotros. En un momento particular de la historia, sobre el Calvario, Jesús se ofreció en sacrificio a su Padre, como testimonio de su total Amor de Dios y de la humanidad. A través de nuestros propios esfuerzos de piedad del corazón y de la mente, participamos de las celebraciones litúrgicas y del don cotidiano de nosotros mismos a Dios.

Banquete eucarístico. Este misterio del amor de Jesús no es solamente un sacrificio divino a favor de nosotros, débiles seres humanos, sino que también es nuestro alimento espiritual para nuestro camino hacia la vida eterna. Sin pan, no hay salud ni vida. Tantos desconocen los ingredientes del pan y del vino, y a pesar de ello lo comen y lo beben con alegría y moderación. ¿Sabemos siquiera como crecen el trigo y la vid? ¿Cómo brota una semilla o madura la uva? ¿Cómo el grano se transforma en pan, o la uva en vino? ¿Sabemos cómo el pan y el vino son transformados al interior de nuestro organismo viviente? Nuestra ignorancia no impide que el pan y el vino nos nutran y mantengan en buena salud. Algo similar ocurre con nuestra salud espiritual. No podemos comprender la Santa Eucaristía, pero la aceptamos con fe y la recibimos con un inmenso respeto de todo nuestro ser para nuestra eterna salvación.
Jesús nos dice: “Quien comiere de este pan vivirá eternamente” (Jn 6:51). De la misma manera que el pan y el vino terrestres sirven para esta vida, el Cuerpo y el Sangre de Jesús sirven para nuestra vida espiritual y eterna. Ninguno de nosotros es digno de ello, pues somos todos pecadores: por pensamientos, palabras y acciones, y por no hacer el bien que deberíamos hacer. Quien come y bebe este Sacramento en forma indigna, o sea en estado de pecado, de desorden, de obstinación, pues esa persona es culpable de pecado contra el Cuerpo y la Sangre. Pero quien confiesa sus pecados y se arrepiente, recibe de Dios el perdón y el alimento del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Demos gracias a Dios quien nos libera de nuestros pecados en el sacramento de la Confesión, y nos nutre con su Cuerpo Eucarístico. Por eso, la Misa es el centro de nuestras vidas personales y comunitarias. Esta es la voluntad de nuestro Padre celeste, establecida por el Hijo de Dios, a través del poder del Espíritu Santo. Creemos en las palabras de Cristo, pues sus palabras son “espíritu y vida” (Jn 14:3).

En memoria de El. El Señor Jesús nos dejó una gran verdad divina y un misterio: “Este es mi Cuerpo”. “Esta es mi Sangre”. Estas palabras fueron dichas por Cristo mismo. Desde el principio, la Iglesia siempre comprendió este texto santo y mensaje de la Ultima Cena de Jesús en forma literal. Jamás se cambio ni una sola letra, ni jamás ese texto se interpretó simbólicamente para que sea más facilmente aceptado. ¡Jesús pronunció estas palabras una vez y para siempre! ¡También ordenó que esto se hiciera en memoria de El! En memoria de la gran obra de salvación hecha por Dios. ¡Reconocemos y creemos en lo que nos fue comunicado! Celebramos la liturgia tal como la recibimos. Demos gracias a Dios por el don inconmensurable del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesús. Este acto y misterio contiene el pasado: “Cristo ha muerto”; el presente de la resurrección de Cristo: “Cristo ha resucitado”; y el futuro: “Cristo volverá”, habiéndonos preparado un lugar, para que donde El esté, estemos también nosotros (Jn 14:3).

III. – “Las apariciones”.

En primer lugar, el hecho de que una persona se confiese humildemente y reciba la Santa Comunión en esta iglesia parroquial [de Medjugorje], y que esta persona se sienta espiritualmente bien gracias al perdón de Dios, es atribuido por todos los creyentes a Dios, fuente de todas las gracias, y Lo alabarán justamente por ello. Al mismo tiempo, esta persona en estado de gracia, estará atenta a no llegar a una conclusión ilógica e inconsistente: “Me confesé. Me siento bien y ahora me he convertido. Por consiguiente, la Virgen está apareciendo en Medjugorje.” Este tipo de creyente y penitente tiene a pesar de todo la obligación de seguir confesándose, recibir los otros sacramentos, observar los Mandamientos, independientemente del hecho que las apariciones privadas sean o no reconocidas.
En segundo lugar, sería un ministro irresponsable del Misterio del Cuerpo y Sangre de Cristo, si hoy desde este lugar y en esta ocasión, no informase publicamente a todos aquellos que en el mundo se interesan a lo que ocurre en esta Iglesia local de Mostar-Duvno, que aqui ocurre algo similar a un cisma. Un cierto número de sacerdotes que han sido explusados de la Orden de los Franciscanos OFM por el Gobierno General con motivo de su desobediencia al Santo Padre, han ocupado con la fuerza desde ya hace varios años, algunas iglesias parroquiales y rectorados, junto con sus bienes. Estos sacerdotes no solo actúan ilegalmente en estas parroquias, sino que también han administrado algunos sacramentos sin la debida competencia, y otros en forma inválida, como la Confesión y la Confirmación, o han celebrado matrimonios inválidos. Este tipo de actitud anti-eclesial es chocante para todos nosotros. Al mismo tiempo, este escándalo de la administración sacrilega de sacramentos, en particular el del Santisimo Cuerpo de Cristo, debería también chocar todos aquellos fieles que han confesado sus pecados en forma inválida a estos sacerdotes y participado a liturgias sacrílegas. Rogamos al Señor que este escándalo y cisma sea extirpado lo mas pronto posible.
En tercer lugar, estoy verdaderamente agradecido al Santo Padre el Papa, a Juan Pablo II de beata memoria y al reinante Benedicto XVI, que han siempre respetado las decisiones de los obispos de Mostar-Duvno, ya sea del anterior como del actual obispo, en lo que se refiere a las presuntas “apariciones” y “mensajes” de Medjugorje, sin cesar de reconocer el derecho del Santo Padre a tomar una decisión final sobre estos acontecimientos. Las decisiones de los obispos, basadas sobre todas las investigaciones canónicas realizadas hasta ahora, pueden resumirse en los siguientes puntos:

1 – Medjugorje es una parroquia católica en la cual se llevan a cabo las mismas actividades litúrgicas y pastorales que en cualquier otra parroquia de esta diócesis de Mostar-Duvno. Por consiguiente, solo las autoridades eclesiásticas oficiales están autorizadas a dar formalmente el título de “santuario” a este lugar. [N.d.T.: Por consiguiente, no se puede hablar del “santuario de Medjugorje”, ya que el Sr. Obispo nunca autorizo el uso de ese título].

2 – Basándose sobre las investigaciones de la Iglesia sobre los acontecimientos de Medjugorje, no se puede establecer que estos acontecimientos hayan concernido apariciones o revelaciones sobrenaturales. Esto significa que hasta ahora, la Iglesia no ha acceptado ninguna de las apariciones, ni como sobrenaturales, ni como marianas.

3 – Los sacerdotes que administran canónicamente la parroquia de Medjugorje y aquellos que vienen como visitantes, no están autorizados a expresar sus oopiniones privadas contrarias a la posición oficial de la Iglesia sobre las presuntas “apariciones” y “mensajes”, ni durante las celebraciones de los sacramentos, ni durante otros actos de piedad, ni en los medios de comunicación católicos.

4 – Los fieles católicos no solo no están obligados a creer en la autenticidad de las “apariciones”, sino que tienen que saber que los peregrinajes no están permitidos, ya sean oficiales o privados, individuales o en grupo, o parroquiales, si suponen la autenticidad de las “apariciones” o si el motivo para realizarlos es el tratar de autentificar estas “apariciones”. Quienes obran y enseñan diversamente, no obran ni enseñan según el espíritu de la Iglesia.

5 – En calidad de Obispo local, mantengo en lo que se refiere a los acontecimientos de Medjugorje, que sobre la base de las investigaciones y la experiencia hechas hasta ahora, en estos últimos 25 años, la Iglesia no ha confirmado una sola “aparición” como siendo auténticamente de la Santísima Virgen. El hecho que durante estos últimos 25 años se haya hablado de centenares de “apariciones”, no contribuye a autentificar estos acontecimientos. De acuerdo con las palabras de nuestro actual Papa, que encontré durante una audiencia el 24 de febrero de este año [N.d.T.: durante la visita ad limina], en la Congregación para la Doctrina de la Fe siempre se había comentado, ¿ cómo estas “apariciones” podían ser consideradas como auténticas por los fieles católicos ? De hecho, no parecen auténticas cuando se sabe de antemano que estas presuntas “apariciones” ocurrirán:

A uno de los “videntes” el 18 de marzo de cada año, pero además también recibirá una “aparición” el 2 de cada mes, con “mensajes” que uno puede anticipar, de acuerdo con el procedimiento establecido;
El segundo “vidente” recibirá una aparición cada día del año, y como si esto no fuera suficiente, una “aparición” especial adicional el 25 de cada mes junto con un comunicado de prensa, que también en este caso se puede prever;
El tercer “vidente” recibirá una “aparición” el 25 de diciembre, el día de Navidad, junto con un mensaje similar a los que ya mencionamos;
El cuarto “vidente” recibirá una “aparición” el 8 de septiembre de cada año, junto con un mensajes específico;
Los dos últimos “videntes” recibirán también “apariciones” cada día, junto con “mensajes” que pueden ser anticipados ya que son variaciones sobre el mismo tema. Estos hechos y el diluvio de las presuntas apariciones, mensajes, secretos y señales, no fortalecen la fe, sino más bien nos convincen aún más que en todo esto no hay nada que sea ni auténtico ni establecido como verdad.
Por lo cual, con responsabilidad hago un llamado a aquellos que dicen ser “videntes”, y a aquellas personas detrás de los “mensajes”, para que demuestren obediencia eclesiástica y cesen en esta parroquia las manifestaciones públicas y mensajes. De esta forma, demostrarán su necesaria adhesión a la Iglesia, al no poner “apariciones” ni declaraciones privadas por encima de la posición oficial de la Iglesia. Nuestra fe es una cuestión seria y responsable. Y la Iglesia también es una institución seria y responsable.

Por la intercesión de la Beata Virgen María, la mayor posesora de los dones del Espiritu Santo, quien por el mismo Espiritu Santo concibió en su cuerpo y dió luz a la segunda Persona de la Trinidad, Jesucristo, quien nos da su Santísimo Cuerpo y Sangre para la vida eterna, que El – que es la Via, la Verdad y la Vida – nos ayude para que la verdad de la Beata Virgen, su Madre y Madre de la Iglesia, Sede de Sabiduría y Espejo de Justicia, pueda brillar en esta parroquia y diócesis, sin la más mínima incredulidad, sino todos de acuerdo con las enseñanzas y práctica constantes de la Iglesia. Amén.

   

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